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El video como recurso didáctico presenta una serie de características, tales como su bajo costo o su facilidad de manejo, que le permiten estar presente en distintos momentos del proceso educativo, ya sea como un medio de observación, de expresión, de autoaprendizaje y como método de ayuda a la enseñanza.

Es un medio excepcional para la auto-observación, análisis y corrección inmediata de la acción del profesor. Los profesores y tutores pueden emplear el recurso del video para el estudio del comportamiento de los alumnos. También los alumnos pueden realizar una introspección y observarse, a través de la cámara, cuál es su comportamiento.

Una de las aplicaciones más comunes del video dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje es en la fase de transmisión de la información. Cualquier programa es susceptible de ser utilizado didácticamente, siempre que su utilización esté en función del logro de unos objetivos previamente formulados.

Los videos pueden servir como refuerzo, antecedente o complemento de una actividad docente. El video ilustra la lección que se esta impartiendo y la esquematiza, haciéndola ganar en claridad y sencillez, así como mucho más amena.

Las imágenes, con o sin sonido, pueden ser un elemento que el profesor puede utilizar para ilustrar su explicación. Lo mismo que haría con una colección de diapositivas, pero con la ventaja de que las imágenes de vídeo son animadas y, en los casos en los que éste sea importante, pueden ir complementadas con efectos sonoros que colaboran a reforzar el aprendizaje.

El video también puede utilizarse como instrumento para la transmisión de conocimientos. En los sistemas tradicionales de enseñanza, puede sustituir al profesor en algunos contenidos de tipo conceptual o descriptivo y servir de repaso a las explicaciones en contenidos de tipo simbólico o matemático, así como en las explicaciones repetitivas o en aquellos casos en los que es preciso variar el estímulo. Después de una explicación larga o de difícil comprensión, el video sirve como descanso para el profesor y los alumnos sin que la actividad docente se interrumpa.

Fuente: Universidad Politécnica de Madrid