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La creatividad no es simplemente aquella inspiración que lleva a un músico a componer una sinfonía, o a un artista a pintar un cuadro maravilloso.

Esta es la imagen que se nos viene a la mente cuando escuchamos hablar del término “creatividad”, pero es mucho más que eso. Es una manera de hacer las cosas, resolver problemas, de vivir. Es una capacidad y, como tal, todos la podemos adquirir.

Primeramente debemos darnos cuenta que esta no está limitada al campo artístico. Podemos encontrar muestras de creatividad en la biología, la ingeniería, el marketing, la repostería, entre muchas otras. Todas las disciplinas requieren de personas creativas ya que estas son capaces de encontrar nuevos enfoques, mejores soluciones a problemas, nuevos usos para cosas que ya existen o pueden inventar aquellas que no.

Existen algunos rasgos comunes en la personalidad de las personas creativas como la curiosidad intelectual, el valor, la flexibilidad o el entusiasmo, pero esto no significa que estos estén fuera del alcance para el resto de la población. Cuando somos niños, la curiosidad natural que tenemos nos llena de la motivación necesaria para aprender a leer los letreros que vemos a diario de camino a la escuela. Esta motivación es lo que nos hace aprender porque nos da el valor necesario para alejarnos de nuestra zona de confort y querer practicar y practicar. La creatividad se aprende similar a la manera que aprendimos a leer, solo se necesita la chispa para encender esa motivación, como dijo anteriormente Ken Robinson.

En la creatividad no sólo intervienen la personalidad y la motivación. Un entorno favorable también es un factor decisivo. En la opinión de Mihaly Csikszentmihalyi, la creatividad no se produce dentro de la cabeza de las personas, sino en la interacción entre los pensamientos que ocurren dentro de estás, así como su contexto sociocultural. Howard Gardner habla del “Triángulo de la creatividad” y sus tres niveles: individual, del campo y del ámbito. Tina Seeling va más allá y crea una cinta de Moebius con tres causas internas (conocimiento, imaginación y actitud) y tres externas (recursos, hábitat y cultura) intrínsecamente enlazadas alimentándose unas de otras. Un contexto sociocultural poco estimulante explica por qué algunas personas creativas no están a la altura de su verdadero potencial.

Existen numerosas técnicas para potenciar el pensamiento creativo (haz clic en cada signo “+” para visualizar las técnicas):

Sinéctica

Ideada por William Gordon, consisten en generar analogías, las cuales pueden ser directas, personales, contrarias, simbólicas o fantásticas. Se utilizan para evitar soluciones comunes uniendo elementos aparentemente sin relación e irrelevantes. Resolver un problema dentro de una empresa en base a un problema análogo en una disciplina diferente como la historia podría ser un ejemplo del empleo de la sinéctica.

Binomio Fantástico

Creada por Gianni Rodari, es una técnica muy utilizada en la literatura. Consiste en trabajar nuestro ingenio buscando la conexión de dos conceptos muy lejanos el uno del otro, como el binomio ardilla-colador.

La Brújula

Es una técnica de Arthur Van Goundy para generar ideas y orientar problemas haciendo uso de la pregunta “¿por qué?”.